Voy a escribir
esta entrada antes que me olvide. No es el mejor momento, pero seguramente me
ayude un poco escribir.
Trata sobre como
evitaba pagar los medios de transporte a partir de la observación que podía
hacer en ellos.
Mi viaje era
colectivo y subte, ida y vuelta, de lunes a viernes, para ir a la facultad. Desde
que observaba, siempre había algo que no pagaba, porque en realidad, es
bastante fácil.
Primero, el
colectivo a la ida. Al principio lo más fácil para no pagar. Lo tomaba a eso de
las 7 – 7:05, y casi siempre venía uno lleno, tanto que paraba pero no dejaba
subir, sólo bajar. Entonces, si uno se sube por las puerta de atrás problema
resuelto. A veces tenía que correrlo un poco para la esquina, o para el otro
lado, pero siempre funcionaba. A esa hora, con tanta gente no te pueden decir
nada. Otra forma era subir como corresponde, y si está muy lleno, no avanzar
hasta la máquina. Es importante ver si uno puede hacer eso antes de subir, así
calcula si es mejor dejar que suba primero la gente que también lo espera o no.
Después es sólo cuestión de que no se baje mucha gente, así uno puede seguir
medio amontonado cerca de la puerta para no pagar. También para hacer esto es
importante pagar con monedas, ya que esa la máquina de monedas está más lejos
que la de la tarjeta. Cabe aclarar que
mi viaje era corto, y que donde yo me bajaba se bajaban todos para combinar con
el subte.
El subte a la ida.
Una vez que uno se da cuenta, va a ahorrar plata de la tarjeta de una manera increíble.
Hubo semanas que no pagaba ni de casualidad, otras que a lo sumo una o dos
veces.
¿Se preguntaron alguna vez, que pasa si uno pasa dos
veces seguidas la tarjeta en el molinete, pero no pasa? Uno puede pasar dos
veces seguidas. Medio obvio, sí. Pero si se fijan, mucha gente pasa mal la
tarjeta, la pasa dos veces o más. Entonces, si uno encuentra el molinete que le
haya pasado la tarjeta de más, solo tiene que pasar delante de él como si nada.
Es fácil darse cuenta desde el lado que uno sale del
subte, es decir, cuando ya sale para la calle, porque puede ver el display del
molinete, y si está con la cruz de color rojo, significa que se puede pasar por
ahí sin pagar. Pero del otro lado no sabemos, así que hay que probar. Yo
intentaba con el que más gente suele pasar, y el 80% de las veces funcionaba. También
si uno prueba en uno, y no puede pasar, puede salir de ahí probar en otro, sí, queda raro, pero nadie
les va a decir nada.
Meses más adelante, noté que un molinete de los de madera
–que se usan sólo para la gente que sale- estaba muy torcido, tanto que si uno
se ponía de costadito pasaba. Eso sí, hay que ser un poco delgado.
El subte a la
vuelta. Creo es lo que más me abusé de no pagar. El método es el mismo que el
anterior, pero en esa estación debía ser más difícil, ya que tenía sólo tres
molinetes, y el policía estaba al lado. De esos tres molinetes, en promedio
siempre había dos en los que se podía pasar. No sé quién era la bestia que
pasaba tan mal la tarjeta, pero no importa, mejor para la gente que observa
para pasar gratis, como yo. Esto podía hacerlo cuando el policía no estaba, que
no eran pocas veces, o cuando estaba distraído. Pero otras veces o estaba muy
atento o no había ningún molinete libre. Pero igualmente no pagaba. Hay una
manera más, y en esa estación es fácil aprovecharla. La puerta esa de
emergencia. Muchas veces la encontraba abierta, y pasaba por ahí de una. Otras
veía gente que la abría, y yo pasaba detrás. Otras, tenía que abrirla yo. Pero
pasaba, siempre pasaba.
Y el colectivo a
la vuelta. El más difícil, y el que más tardé en darme cuenta. No podía hacer
las “avivadas” como en el colectivo de la ida, ya que estaba en una parada
importante, al estar al lado del subte. El colectivo siempre paraba, aunque
nadie levantara la mano. Y esperaba a que todos suban. Además, siempre venía
bastante vacío, así que por atrás no había chance. En esa parada, estaba el
empleado que vende los boletos a los que tienen monedas, para agilizar. Todos
los boletos eran iguales, del mismo color, de la misma forma, sólo los
distinguía el sellito con la fecha. Pero los conductores no siempre marcaban el
boleto, sino que si veían que uno lo había comprado le hacía la seña de que
pasara, que no era necesario la marquita. Y de eso uno se puede aprovechar. El
método era comprar un boleto, mostrarlo y guardarlo. Guardarlo hasta el próximo
viaje, volver a mostrarlo y guardarlo nuevamente. Así es muy fácil, ¿no? Bueno,
el tema es que no todos los conductores te dejaban pasar sin marcar el boleto
comprado, entonces ahí había que estar atento. En ese caso, lo que hacía era
asegurarme que haya suficiente gente delante de mí en la cola, cosa de que uno
compre sí o sí boleto (ahora con las tarjetas es más difícil que alguien
compre, pero al menos te dan cambio en monedas) y ver. Ver si el conductor
marcaba los boletos o no. Si no lo hacía, le mostraba el mío de quien sabe cuántos
meses atrás. Si lo hacía, no me quedaba más que pagar, tampoco que fuera algo
grave.
Eso era, sin
desmerecer los conocimientos que brinda la facultad, lo más interesante que
podía hacer en los días que viajaba hasta allá.
Pocas veces pude
ahorrar los cuatro viajes en el mismo día, pero observando, y también con un
poco de suerte, se puede.
También uno puede
hacer esto en el tren. Incluso es bastante más fácil, pero depende un poco de
la estación donde se baje.