martes, 31 de enero de 2012

Recess


 Voy a escribir esta entrada antes que me olvide. No es el mejor momento, pero seguramente me ayude un poco escribir.
 Trata sobre como evitaba pagar los medios de transporte a partir de la observación que podía hacer en ellos.

 Mi viaje era colectivo y subte, ida y vuelta, de lunes a viernes, para ir a la facultad. Desde que observaba, siempre había algo que no pagaba, porque en realidad, es bastante fácil.

 Primero, el colectivo a la ida. Al principio lo más fácil para no pagar. Lo tomaba a eso de las 7 – 7:05, y casi siempre venía uno lleno, tanto que paraba pero no dejaba subir, sólo bajar. Entonces, si uno se sube por las puerta de atrás problema resuelto. A veces tenía que correrlo un poco para la esquina, o para el otro lado, pero siempre funcionaba. A esa hora, con tanta gente no te pueden decir nada. Otra forma era subir como corresponde, y si está muy lleno, no avanzar hasta la máquina. Es importante ver si uno puede hacer eso antes de subir, así calcula si es mejor dejar que suba primero la gente que también lo espera o no. Después es sólo cuestión de que no se baje mucha gente, así uno puede seguir medio amontonado cerca de la puerta para no pagar. También para hacer esto es importante pagar con monedas, ya que esa la máquina de monedas está más lejos que la de la tarjeta.  Cabe aclarar que mi viaje era corto, y que donde yo me bajaba se bajaban todos para combinar con el subte.

 El subte a la ida. Una vez que uno se da cuenta, va a ahorrar plata de la tarjeta de una manera increíble. Hubo semanas que no pagaba ni de casualidad, otras que a lo sumo una o dos veces.
¿Se preguntaron alguna vez, que pasa si uno pasa dos veces seguidas la tarjeta en el molinete, pero no pasa? Uno puede pasar dos veces seguidas. Medio obvio, sí. Pero si se fijan, mucha gente pasa mal la tarjeta, la pasa dos veces o más. Entonces, si uno encuentra el molinete que le haya pasado la tarjeta de más, solo tiene que pasar delante de él como si nada.
Es fácil darse cuenta desde el lado que uno sale del subte, es decir, cuando ya sale para la calle, porque puede ver el display del molinete, y si está con la cruz de color rojo, significa que se puede pasar por ahí sin pagar. Pero del otro lado no sabemos, así que hay que probar. Yo intentaba con el que más gente suele pasar, y el 80% de las veces funcionaba. También si uno prueba en uno, y no puede pasar, puede salir de ahí  probar en otro, sí, queda raro, pero nadie les va a decir nada.
Meses más adelante, noté que un molinete de los de madera –que se usan sólo para la gente que sale- estaba muy torcido, tanto que si uno se ponía de costadito pasaba. Eso sí, hay que ser un poco delgado.

 El subte a la vuelta. Creo es lo que más me abusé de no pagar. El método es el mismo que el anterior, pero en esa estación debía ser más difícil, ya que tenía sólo tres molinetes, y el policía estaba al lado. De esos tres molinetes, en promedio siempre había dos en los que se podía pasar. No sé quién era la bestia que pasaba tan mal la tarjeta, pero no importa, mejor para la gente que observa para pasar gratis, como yo. Esto podía hacerlo cuando el policía no estaba, que no eran pocas veces, o cuando estaba distraído. Pero otras veces o estaba muy atento o no había ningún molinete libre. Pero igualmente no pagaba. Hay una manera más, y en esa estación es fácil aprovecharla. La puerta esa de emergencia. Muchas veces la encontraba abierta, y pasaba por ahí de una. Otras veía gente que la abría, y yo pasaba detrás. Otras, tenía que abrirla yo. Pero pasaba, siempre pasaba.

 Y el colectivo a la vuelta. El más difícil, y el que más tardé en darme cuenta. No podía hacer las “avivadas” como en el colectivo de la ida, ya que estaba en una parada importante, al estar al lado del subte. El colectivo siempre paraba, aunque nadie levantara la mano. Y esperaba a que todos suban. Además, siempre venía bastante vacío, así que por atrás no había chance. En esa parada, estaba el empleado que vende los boletos a los que tienen monedas, para agilizar. Todos los boletos eran iguales, del mismo color, de la misma forma, sólo los distinguía el sellito con la fecha. Pero los conductores no siempre marcaban el boleto, sino que si veían que uno lo había comprado le hacía la seña de que pasara, que no era necesario la marquita. Y de eso uno se puede aprovechar. El método era comprar un boleto, mostrarlo y guardarlo. Guardarlo hasta el próximo viaje, volver a mostrarlo y guardarlo nuevamente. Así es muy fácil, ¿no? Bueno, el tema es que no todos los conductores te dejaban pasar sin marcar el boleto comprado, entonces ahí había que estar atento. En ese caso, lo que hacía era asegurarme que haya suficiente gente delante de mí en la cola, cosa de que uno compre sí o sí boleto (ahora con las tarjetas es más difícil que alguien compre, pero al menos te dan cambio en monedas) y ver. Ver si el conductor marcaba los boletos o no. Si no lo hacía, le mostraba el mío de quien sabe cuántos meses atrás. Si lo hacía, no me quedaba más que pagar, tampoco que fuera algo grave.  

 Eso era, sin desmerecer los conocimientos que brinda la facultad, lo más interesante que podía hacer en los días que viajaba hasta allá.
 Pocas veces pude ahorrar los cuatro viajes en el mismo día, pero observando, y también con un poco de suerte, se puede.

 También uno puede hacer esto en el tren. Incluso es bastante más fácil, pero depende un poco de la estación donde se baje.

sábado, 28 de enero de 2012

Hysteria

 No puedo contarle lo que siento.
 No es el momento indicado. Debo esperar hasta que llegue.
 Igualmente lo debe saber. A veces dice cosas que me alientan a seguir creyendo, cada vez más. A veces, otras que literamente me destruyen.
 Se nota que esta creciendo, madurando, viendo como es la vida.
 Yo me estoy quedando en recuerdos y esperanzas, y si no se llega a dar lo que deseo no sé que quedará de mí.
 Esto es peligroso.
 Así no es como debería ser.